1/12/2016

Pragmatismo, cinismo, justicia y esperanza

I – Pragmatismo: ¿empresarial o peronista? 
En estos días, mucho se ha criticado el pragmatismo empresarial del nuevo gobierno. Yo tengo otra visión. Para el peronismo, el borde de la legalidad es su ámbito natural. Desde su óptica, la vía central, la letra estricta de la ley, en cambio, es para tibios. Y al peronismo le molesta mucho que la hasta hace poco oposición gobierne con pragmatismo peronista. 
Pues bien, Mauricio Macri ha decidido, con pragmatismo peronista, no transitar la vía central sino el estrecho y riesgoso espacio que lo contacta con el guard rail o con la banquina. En este tiempo, atravesó algunos sacudones porque el borde, por cierto, exige alguna pericia extra en la conducción. 
Los que hoy se escandalizan por las temerarias decisiones gubernamentales son los mismos que aplaudían las decisiones igualmente temerarias de la administración anterior. 
Es probable que Macri sufra unos cuantos raspones, algunos golpes e, incluso, que choque. En todo caso, deberá compensar los accidentes con medidas anticorrupción, negociaciones con la oposición menos feroz –que no es poca y que tiene sus propios objetivos de redistribución del poder peronista– y, sobre todo y ante todo, estabilidad económica que es lo que, al fin de cuentas, mueve las agujas del humor de los ciudadanos. La llamada "luna de miel" de un nuevo gobierno es quizás el momento más adecuado para morder la banquina o perder el espejo retrovisor contra el guard rail. Después de todo, los tres primeros meses de un gobierno son los que primero se desdibujan en la frágil memoria del electorado. 

II – Cinismo político
Si damos un paso más, podemos también cambiar el eufemismo "pragmatismo" por una palabra bastante más ajustada: "cinismo". 
No es la personalidad del líder la que seduce al electorado. Es la necesidad del electorado la que va moldeando la personalidad del líder. Y cuando el liderazgo se consolida mediante el voto llega el tiempo de echar un manto de piedad sobre las promesas de campaña y desplegar el cinismo. Después de todo, ya deberíamos saber que con la democracia no se come (1983), que los que siguen serán defraudados (1989), que un presidente no es el médico de todos los argentinos (1999), que la Argentina no termina de ser un país en serio (2003), que al final eran Cristina y vos, porque a Cobos se lo llevó el voto no positivo (2007) y que la fuerza de un pueblo incluía utilizarlo a "Él" hasta el paroxismo y poner a Amado Boudou en el segundo cargo más importante del país (2011). ¿Por qué, entonces, habríamos de creer en "la revolución de la alegría"? Solamente la vocación fiestera de los argentinos puede comprar una promesa de más celebración cuando, en realidad, lo que hay que hacer –y que bien sabemos aunque no nos guste reconocerlo– es arremangarse y empezar a lavar los platos, vasos y manteles de 8 años de festival desenfrenado.    
Volviendo al cinismo político, implica sostener imposibles como certezas, estrangular la verdad hasta que pende apenas de un hilo, forzar la lógica y la racionalidad. Requiere construir estructuras que sostengan medidas en vez de tomar medidas que sean producto de la necesidad estructural. Su imperativo es quitar de la escena o velar parcialmente aquellos núcleos oscuros que la sociedad repudia pero que un gobierno no puede combatir porque de alguna manera lo sustentan. Y su objetivo principal es el incremento y fortalecimiento del propio poder, es decir, antes que el bien común, el interés personal (bajo el disfraz del bien común). 

III – El lugar de la Justicia
Es una verdad de perogrullo decir que el pragmatismo y su versión extrema, el cinismo, se contradicen flagrantemente con la pureza que buena parte de los votantes espera y que buena parte de la oposición le exige –como si tuviese las manos limpias– a un gobierno. 
Cualquiera que haya tenido una conversación a calzón quitado con un funcionario político de alto rango sabe que la pureza no forma parte de su diccionario. 
El fundamento de la pureza, no como cosa real sino como ideal a alcanzar, es la ética. Y la ética, sabemos, limita la acción, fundamento, a su vez, del pragmatismo.
¿Qué es, entonces, lo que restringe al poder, lo que lo enmarca? La ley. 
Estoy convencida de que no abunda entre nosotros el apego natural a la ley que es, en cambio, vista como una fuerza limitante que por todos los medios hay que intentar eludir. Es débil en nosotros el "esto no se hace, no debe hacerse, no puede hacerse". Porque, claro, nuestros pragmáticos gobernantes no han descendido de una nave intergaláctica sino que forman parte del mismo sustrato que tiene por costumbre mirar la ley con cierto desprecio. 
Es la Justicia, con rigor, seriedad, imparcialidad y transparencia la que puede ponerle coto al poder político y equilibrar y controlar sus posibles excesos. La Justicia debería ser objeto de nuestra más severa exigencia (y recibir nuestro compromiso de acatarla con la misma severidad, por supuesto). 
Pero, hasta ahora, su desempeño no ofrece demasiados motivos de orgullo. 
Tradicionalmente corporativo, con frecuencia autorreferente y en estos últimos tiempos más preocupado que nunca por conservar sus privilegios, el Poder Judicial es víctima del mismo mal que nos aqueja a todos: la fragmentación social por motivos políticos. Con dos bandos que reclaman el monopolio de la legitimidad, a la Justicia se le ha caído la venda de los ojos y se le ha quebrado el fiel de la balanza. 
En ese estado de división es difícil que pueda cumplir con la misión que le es natural y que alcanza una enorme relevancia en el presente.  

IV – Nosotros, los de a pie
Pablo Gerchunoff y Lucas Llach publicaron un libro sobre los avatares de la economía argentina al que titularon "El ciclo de la ilusión y el desencanto". Ese título que retrata con enorme precisión las variaciones del estado de ánimo nacional, también nos habla de cierta ingenuidad infantil: la ilusión solamente puede conducir al desencanto. Mucho más cuando el desencanto es el terreno en el que hacemos crecer una nueva ilusión. 
La ilusión es un "concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos". En contraposición, la esperanza es el "estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea"(*).
Nosotros, los de a pie, tenemos la responsabilidad de abandonar la costumbre de la ilusión y el deber de alimentar la esperanza. 
No es azaroso el uso de la palabra "deber" en este caso. Cuenta Santiago Kovadloff  que a poco de ganar las elecciones de 1983, Raúl Alfonsín convocó a un grupo de artistas y escritores a una reunión. De ese grupo formaban parte tanto el propio Kovadloff como Jorge Luis Borges, quien tomó la palabra en nombre de todos los presentes y dijo: "Señor Presidente, usted nos ha devuelto el deber de la esperanza" (**). Es notable que Borges, en su ferviente agnosticismo, concibiera la esperanza no como algo natural sino como un ejercicio necesario, un cuestionamiento permanente y una desafiante indagación personal. 
Aun sabiendo que nunca estará satisfecha la totalidad de una sociedad, formada por individuos diversos y con diferentes órdenes de preferencias, los de a pie nos encontramos frente a un dilema: ¿cuánto pragmatismo es necesario admitir y cuánta pureza es imprescindible exigir? 
Sin caer en el cinismo que aniquila la ética y sin dejarnos seducir por la ilusión que da origen al desencanto.

(*) www.rae.es 

(**) www.revistacriterio.com.ar/bloginst_new/2015/03/03/dios-en-la-palabra-de-borges/, nota al pie. 

12/05/2015

La grandeza y la opulencia

Hay una importante confusión en estos días. Muchos ciudadanos esperan gestos de grandeza. Lamentablemente, esperan en vano. La grandeza nunca viene de la mano de quienes hicieron culto a la opulencia. La grandeza es casi silenciosa mientras que la opulencia vocifera. La grandeza se construye con pequeñas acciones mientras que la opulencia genera enormes despliegues en honor a sí misma. La grandeza no solo es honrada en la derrota sino que también sabe ser humilde en la victoria. ¿La opulencia? No, la opulencia es ciega en la victoria y resentida en la derrota. La grandeza concibe un mundo amplio y diverso. Para la opulencia, en cambio, el mundo empieza y termina en su ombligo.La grandeza pide justicia. La opulencia, venganza. De lo que se sigue que la grandeza respeta los márgenes de la ley y la opulencia camina por el borde, siempre buscando la fisura para violarla con el único objetivo de satisfacer sus instintos. La grandeza tiene su propia voz. La opulencia habla en nombre de las "grandes causas". La grandeza se rige por la ética. La opulencia, por los códigos (muchas veces, mafiosos). La grandeza crece con el paso del tiempo. La opulencia se degrada y degrada todo aquello que toca.La grandeza es luz en la oscuridad. La opulencia, por mucho que brille, no ilumina. La grandeza trabaja para el prójimo, la opulencia para sí misma. Hay algo en el ADN de los argentinos que hace que muchos –muchos de verdad– prefieran el resplandor falso de la opulencia a la austeridad de la grandeza. De esos muchos, una parte significativa ve con agrado que la opulencia arrase todo lo que encuentra a su paso antes de entregar las llaves del reino. Olvidan que la opulencia tiene el pan asegurado y que ellos deberán sembrar su trigo en un baldío lleno de escombros. Son los que prefieren que el barco se hunda, aunque estén arriba del barco. No esperemos gestos de grandeza. No los habrá.

No te jactes del día de mañana; 
Porque no sabes qué dará de sí el día.
Alábete el extraño, y no tu propia boca; 
El ajeno, y no los labios tuyos. 
Pesada es la piedra, y la arena pesa; 
Mas la ira del necio es más pesada que ambas. 
Cruel es la ira, e impetuoso el furor; 
Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? 
La Biblia – Proverbios 27:1-4
1º de diciembre de 2015

22 de noviembre de 2015

Ya está. Se terminó el gobierno que –para mí– fue el paradigma de la mentira, el maltrato, la descalificación, la extorsión y la corrupción. 
La mentira de la pobreza y de la inclusión, una mentira obscena porque, por si nunca te lo pusiste a pensar, ¿por qué en 12 años no se redujo la cantidad de personas alcanzadas por planes y subsidios mientras, día a día, el gobierno nos decía que las cosas iban cada vez mejor? ¿Por qué no tuvo cada ciudadano acceso a la dignidad de ganarse su sustento y pagar con él sus cuentas si, supuestamente, vivíamos la gloria de un país que crecía sin límites? 
El maltrato y la descalificación a quienes no pensaban lo mismo, realizado desde medios pagados por todos. Las reiteradas ofensas provenientes de miembros del gobierno y de militantes, que provocaron, durante un largo tiempo, el silencio casi temeroso de los disidentes. Las etiquetas despectivas. El autoritarismo legislativo. ¿No te sentiste, más de una vez ninguneado y hasta atemorizado por las expresiones de los integrantes del gobierno y también por las descalificaciones más o menos veladas de algunos de tus amigos y conocidos? A mí me cupieron los calificativos de "ignorante", "gorila", "cerebro liso", "cacerola", "cipaya"... y tantos otros que dejé pasar ejerciendo lo mejor que me dejó este gobierno como aprendizaje: el derecho al silencio. 
La extorsión de los carpetazos, la de la administración discrecional de los fondos públicos, la del "votando por un plan". ¿No te diste cuenta de que el dinero "del gobierno" no es del gobierno, es tuyo, mío, delvecino, haya votado a quien haya votado, y que somos todos nosotros los que pagamos obras que son solamente cáscara porque el interior está vacío e inconcluso, planes sociales, contratos estatales, subsidios al consumo como el Ahora 12, viajes con dólares baratos? Es TU plata, no la del gobierno. 
La corrupción que mató argentinos en Once, la de los bolsos con dinero, la de los sueños compartidos, la de los hoteles vacíos que generaron ganancias extraordinarias, la del narcotráfico. La que todavía hace que no sepamos qué pasó con Alberto Nisman. ¿No te parece increíble que pocas horas después de los atentados en París hayan dado con los responsables y nosotros todavía no sepamos ni siquiera si al fiscal lo mataron, lo indujeron o se suicidó? 
La mentira, el maltrato, la descalificación, la extorsión y la corrupción son formas de violencia. Estos 12 años han sido años de un gobierno profunda y sofisticadamente violento. Años de disgregación social, por dejar lo económico de lado porque, en todo caso, lo que los resultados muestran es que también existe la dignidad. 
Yo sé que hay personas que están tristes y que hoy tienen miedo, ese miedo que quisieron inscribir en muchos otros, los que no pensábamos igual que ellos. Me apena la tristeza de los que creen honestamente en los malos augurios, los que sienten que van a perder sus logros. Pero la vida es así. Hoy muchos votamos un cambio. Hay un ciclo que se cierra y otro que se abre. 
Yo voté por el cambio porque creo que ese cambio es necesario. El tiempo dirá si satisface mis expectativas. Si no lo hace, tengo la herramienta más poderosa que la democracia otorga: mi voto. 
Y, ahora, como siempre, a trabajar.

La estrategia del terrorismo

Me encanta estudiar. Es un desafío que enfrento con alegría (aunque –y también porque– a veces, como el viernes pasado, tengo exámenes fatales). 
Estudio, además, porque desde muy chica comprendí que los libros encierran respuestas para muchas de nuestras preguntas y, al mismo tiempo, son generadores de nuevas preguntas cuyas respuestas tal vez encontremos en otros libros o tal vez tengamos que responder por nosotros mismos, construyendo sentido con lo que hemos recogido en el camino o, si nos ha sido dada, con la chispa del genio creador. 
Lo cierto es que, en los últimos dos años, los libros han sido para mí una invaluable herramienta de acercamiento a una comprensión más amplia y más profunda de la realidad. 
El jueves, mientras afuera se descargaba una fuerte tormenta, yo leía esto:

"An open society [...] is especially vulnerable to terrorist violence, wich seems to threaten us with ever more dreadful and drastic fates. Have we the stoicism to endure nonetheless? Will we be tempted to abandon our political and moral values? Will be willing to go on paying an ever higher price in order to defeat the terrorists by refusing to respond in the way they want us to?"
David Fromkin – The strategy of terrorism
15 de noviembre de 2015

Dos de Voltaire

"Ceux qui peuvent vous faire croire en des absurdités pourront vous faire commettre des atrocités."
"Une monnaie papier, basée sur la seule confiance dans le gouvernement qui l'imprime, finit toujours par retourner à sa valeur intrinsèque, c'est-à-dire zéro."

15 de noviembre de 2015

Mirar a los ojos


Hay algunas cosas que me producen una enorme desazón. No son muchas. Sobran los dedos de la mano para contarlas.
La injusticia. Pero no las grandes injusticias como el hambre o la pobreza que desencadenan causas gigantescas, que escandalizan mucho pero requieren compromisos mínimos para tranquilizar provisoriamente la conciencia. No, a mí me aquejan las pequeñas cosas que suceden frente a mis ojos: el tipo que estaciona el auto en una rampa para discapacitados, el que se les cuela a los jubilados en la fila del banco, la autoridad que patotea e intimida. Le sucede a un desconocido en la calle, a alguien que no puede defenderse, a mí misma a veces. Cosas cotidianas que muestran que, helàs!, vivir es enfrentarse a la injusticia y que, aun así, debemos someternos a la ley porque, en última instancia, es lo único que nos ampara. 
La deslealtad. Pero no la deslealtad que se mide en términos de moralina, la que hace levantar muchos dedos admonitorios, la que empalaga bocas pero no significa nada. A mí me descorazona la deslealtad silenciosa del que sabe que está haciendo algo que está mal, desestima su propia voz interior y avanza como quien tira su última ficha en la ruleta, porque sí, porque la inmediatez de su deseo o de su ambición están por encima del bien.
El fanatismo. Básicamente, porque conlleva las otras dos. El fanatismo es injusto por naturaleza y termina siendo desleal por exceso de lealtad a la causa que le da sentido. Implica la adhesión a una sola perspectiva, incuestionable, totalizadora y monolítica, y desestima con violencia las demás simplemente porque ponen en jaque su existencia. Exige, en pocas palabras, entregar la cabeza, dejarse llevar por un impulso que no mide consecuencias, que deja de registrar al otro como un semejante y que lo inscribe en el territorio de la enemistad.
La mentira. Puede ser que en este caso, el problema esté en mí, que tengo una debilidad constitutiva que me impide mentir (y que más de una vez me da más dolores de cabeza que satisfacciones). Pero lo cierto es que la mentira también implica injusticia y deslealtad. Quien sabe que está mintiendo, sabe el daño que eso puede hacer. Y aun así lo hace. Difundir mentiras es echar a rodar una bola de barro que mancha a todos. 
En realidad, no me mueven las grandes causas, esas que hay que mirar desde lejos, desde abajo. Prefiero las que implican mirar a los ojos a quien está frente a mí.
La justicia es justa, aunque no falle a mi favor. No existe el "yo creo en la justicia" cuando espero sentencia y "la justicia no funciona" cuando el fallo no resultó como esperaba. 
La lealtad no es la del 17 de octubre sino una forma muy alta del amor a uno mismo y al prójimo. 
La verdad es verdad, aunque no me guste o no me beneficie, y su efecto es liberador. 
El antónimo de fanatismo tuve que buscarlo: tolerancia. No further comments.

14 de noviembre de 2015

París

Cualquier cosa que hagas para dañar mi mundo, cualquier intento que hagas de cambiarlo, el tuyo también saldrá dañado y también cambiará. Porque aunque nuestros ojos vean mundos diferentes, tu mundo y mi mundo son el mismo. No hay dos mundos, hay solo uno. Solamente son distintos los ojos que lo ven.
13 de noviembre de 2015

Inquilinos e inquilinatos


Los inquilinos del departamento de arriba se están mudando. Se les terminó el contrato y los dueños –que son muchos– no lo quieren renovar porque están buscando un inquilino que les guste más. No todos están de acuerdo pero, en estos casos, se impone la mayoría. 
Para celebrar la despedida, los inquilinos salientes acaban de hacer un asado en medio del living y quemaron casi todo el piso flotante. Invitaron, como siempre, a mucha gente. También los vi salir con las canillas, un inodoro y los cajones del placard. Se comenta que algunas de esas cosas las están vendiendo al mejor postor o a algunos de sus amigos. 
Los dueños no parecen demasiado preocupados ni se dan cabal cuenta de que el costo de los daños lo pagarán todos, estén o no de acuerdo con el desalojo. Esperan que el próximo inquilino se haga cargo. 
Los inquilinos que se van dicen que cuando el nuevo no pueda arreglar los destrozos, los van a volver a llamar a ellos. 
Y mientras tanto, la vida sigue.
12 de noviembre de 2015

Lo que no se va en lágrimas...


Angelina era mi abuela paterna, una gallega divina que llegó al país con 15 años en 1913 y nunca volvió a su pueblo perdido en Orense. Tenía la sabiduría de los que dejaron atrás una vida y comenzaron otra, en otro lugar, con otra gente. También tenía la alegría serena que da la gratitud. 
"Lo que no se va en lágrimas se va en suspiros", decía cuando alguien se lamentaba por alguna pérdida menor o por algún gasto inesperado.
Hoy me acordé de ella porque vino a mi mente esa frase pero con otra forma, mucho más actual, mucho más mundana. Superficial, si se quiere. Pensé, de inmediato, que ella se hubiese reído mucho. Y yo también me reí mientras repetía, en voz baja: “Lo que no se va en lágrimas se va en subsidios”.
10 de noviembre de 2015

La mezquindad, la agonía y el miedo


Veo el spot de Scioli. Hace esfuerzos por parecer relajado y lo que se ve, bien en primer plano, es el esfuerzo. 
Empieza diciendo que sabe que algunos están enojados. Casi lo mismo dijo Menem en 2003. No están enojados con las conquistas sino con las peleas. Parece que para el candidato la gente se enoja con cosas, no con otra gente. También dice "conmigo es distinto". ¿Distinto de qué o de quién?, me pregunto. "Yo soy un hombre de diálogo... Moderado y pacífico". ¿Quién será que no dialoga, se desborda y elige la confrontación? 
Le faltaría el "Dicen que soy aburrido" y ponemos los fideos que ya estamos todos. 
En la feria de vanidades publicitaria siempre hay un ventanal que da al jardín. Afuera, en la vida real, el panorama es más oscuro. Leo insensateces que van desde "Macri es Hitler" hasta "Videla fue el mejor presidente que tuvo la Argentina". Difícil entregarle a alguna de estas afirmaciones el primer premio a la estupidez. 
Habla Mario Firmenich y hace precisiones sobre el presente con el tono de un pacifista. ¡Firmenich! ¿Se entiende? ¡Firmenich!
La actitud de algunos perdedores sugiere que no se entregarán fácilmente. O se dedicarán a arrasar lo que los rodea hasta el momento en que no les quede más remedio que abandonar sus feudos. 
Nicolás Del Caño, candidato del FIT, compra dólares en el Banco Nación. Debe hacerlo con donaciones porque su sueldo de diputado –del que deduce, para solventar sus gastos, el equivalente al sueldo de un maestro–, según dice, lo destina a diferentes sectores en lucha. 
Son tiempos ricos para los observadores de la condición humana. Está todo muy en superficie. La descalificación y el insulto. La provocación y el patoterismo. La mentira y el cinismo. La mezquindad, la agonía y el miedo.
10 de noviembre de 2015

De humores y péndulos

Si tenés unos cuantos años, ya sabés que la vida está hecha de ciclos. 
Si tenés unos cuantos años y los pasaste en la Argentina, ya sabés que el peronismo cansa. Pasó en el 55, en los 70 y, tal vez, ahora. 
Sabés que el humor de la ciudadanía cambia. Sabés que hay intervalos más a la "derecha" y otros más a la "izquierda" (lo pongo entre comillas porque me parece relativo). Perón, con su florida labia, lo llamaba "el movimiento pendular de las masas". Además, si tenés más de 50, agradecés que los ciclos sean derecha/izquierda y no civil/militar. 
Sabés que la economía nunca llega a estabilizarse, que vivimos fiestas que parecen interminables pero que después hay que limpiar los restos de esas fiestas. Sabés que la limpieza implica ajuste y que el gradualismo no existe porque, si el gradualismo no existe en la fiesta, menos va a aparecer a la hora de la limpieza. No voy a hacer precisiones técnicas porque no tengo los conocimientos necesarios, pero hay ciclos de stop and go y ciclos de stop and crash (hay montañas de información sobre el tema en internet). 
Sabés que los seres humanos somos bastante resistentes a los cambios. Si todo está bien, ¿para qué cambiar? De hecho, por eso mismo en nuestras fiestas se acaba el champagne y tomamos vino, se acaba el vino y tomamos cerveza, se acaba la cerveza y tomamos gaseosa... y siempre terminamos tomando el agua de los floreros. Scioli vendría a a ser el agua del florero. 
Por último, si levantás la mirada del ombligo argentino, tan conspicuo él, también vas a saber que los ciclos –años más, años menos– se dan en toda la región. 
Si sabés todo esto. Si lo viviste y lo entendiste. Nada puede asustarte. Has vivido cosas muchísimo peores que un traspaso de gobierno constitucional a gobierno constitucional. 
Votá. Dependiendo de quién gane, vas a estar de mejor o de peor humor. No importa. Es parte del ciclo del péndulo. Y el péndulo nunca se detiene.
2 de noviembre de 2015

De ahora en adelante, todo será distinto

Su propio partido/movimiento/agrupación lo votó con asco, con desconfianza, con la nariz tapada y hasta con desgarro (del alma, of course). Fue ninguneado al punto de que se difundió el slogan: "el candidato es el proyecto", cosa de sustraerle el nombre a cualquier posible victoria (veremos si lo reservaron para este traspié). 
Cada vez que trató de ganar voto peronista o indeciso apareció alguien a su lado para recordar cuán kirchnerista debía ser el mensaje. Y cada vez que kirchnerizaba su mensaje veía cómo se le escurrían los votos independientes, esos que necesitaba para arrimar el bochín. 
Recibió el desprecio de los propios y la frialdad de los ajenos. 
Le pusieron un cancerbero junto a cada candidato. Un aspirante a gobernador del distrito más importante del país que, se sabía, tenía altísimos índices de imagen negativa (pero, claro, es un maestro de la chicana). Y un collar de sandías con el último spot de campaña que tanto entusiasmó a los kirchneristas "de paladar negro" y que lo mostraba siempre como un ladero, en segundísimo plano, como una sombra de Néstor y Cristina. 
Gritaron a los cuatro vientos que lo iban a manejar desde las Cámaras, con La Cámpora en puestos estratégicos, con Ministerios afines o con el poder de la conducción de Cristina. 
Algunos declararon que iba a ser un presidente de transición y otros, simplemente, dijeron que su líder seguiría siendo Cristina. 
Es fácil echarle la culpa a Lanata, a Clarín, a La Nación o a la clase media sin cerebro. Lo difícil es aceptar que Cristina, como cualquier líder carismático, estuvo más preocupada en no dejar un heredero que pudiese empañar su reinado que en la continuidad de un proyecto que alguna vez supo tener una abrumadora aceptación. 
Todavía no hay nada definido. Scioli aún puede ser presidente porque le conocemos 20 años de persistencia en el felpudismo explícito. No importa, de ahora en adelante todo será distinto.



De Arturo Pérez Reverte


"Niños de ésos que leen libros y van al cine, y ven películas y videos interesantes en la tele o el ordenador. Niños de élite, para entendernos. De los que no han podido ser machacados del todo por imbéciles sistemas educativos empeñados, no en que todos los niños tengan derecho a las mismas oportunidades, que es lo natural, sino en que los brillantes sean destrozados en la escuela para igualarlos por abajo con los mediocres." 
13 de octubre de 2015

El proyecto colectivo


El proyecto colectivo es un tren al que muchos suben sin saber hacia dónde van. Enamorados de la promesa de un paraíso de igualdad –o inclusión o justicia social– que nunca llega. Estación tras estación, el tren se llena de nuevos pasajeros a los que el entusiasmo no les deja ver la decepción de quienes vienen viajando hace tiempo sin llegar a ningún lado. 
Como la abulia gana terreno, rápidamente en cada vagón hay un líder que alienta a los presentes. De alguna manera hay que impedir que el optimismo se marchite. En el fondo, lo que hay que evitar es que alguna voz se alce para iniciar una rebelión. De tanto en tanto, cuando la moral del pasaje parece quebrada, por los altavoces se escucha la voz metálica del conductor del tren. Palabras enérgicas que reavivan la esperanza. 
Pasado un tiempo, aunque no lo sepan, los pasajeros han conseguido lo que buscaban cuando subieron al tren. Son todos iguales. Se dejan conducir por un fantasma en el que han depositado todas sus expectativas y al que han investido de la dudosa cualidad de saber qué es lo mejor para todos, responden a las consignas de un líder intermedio al que no eligieron, olvidaron quiénes eran antes de subirse al tren y también para qué habían subido y solo esperan seguir allí y que el viaje nunca termine porque si terminase estarían perdidos, inermes, vulnerables. 
Ya no piensan en el paraíso de la igualdad. Ya no piensan en el paraíso. Ya no piensan.
13 de octubre de 2015

Camello – Amartya Sen


"Un camello", se ha dicho, "es un caballo diseñado por un comité." Este parece ser ejemplo revelador de las terribles deficiencias de las decisiones tomadas por los comités, pero en realidad es demasiado leve como acusación. Puede que un camello no sea tan rápido como un caballo, pero es de todas formas un animal muy útil y armonioso, bien adaptado a viajar largas distancias sin comida ni agua. Al diseñar un caballo, un comité que trate de acomodar los diversos deseos de sus miembros podría muy bien terminar con algo mucho menos coherente: quizás un centauro de la mitología griega, mitad caballo y mitad otra cosa –una creación volátil que combine lo salvaje y lo confuso. 
La dificultad que experimenta un pequeño comité puede agrandarse cuando se trata de las decisiones de toda una sociedad, decisiones que reflejan las elecciones "de la gente, por la gente y para la gente". 
Amartya Sen
Discurso Nobel 1998
10 de octubre de 2015

El mundo sin él


Cuando mi padre murió, cada mañana trataba de reconstruir el mundo sin él. Al despertar, me decía a mí misma “Tu papá murió”. Ese fue el mantra que me acompañó durante meses, hasta que la ausencia se hizo carne. Repetirlo no era, sin embargo, una rutina consciente. Solo se trataba del primer pensamiento que venía a mí apenas abría los ojos. Como si necesitara esas palabras para empezar el día. La declaración del principio de orfandad le daba un marco a mi vida. Y, por cómo estaba formulada la frase, quedaba claro que lo que decía no estaba destinado al mundo sino que era algo entre nosotras dos: yo, la que hablaba y yo, la huérfana. 
Proferido en voz alta, el mantra alcanzaba una dimensión casi religiosa que ordenaba el mundo como Dios lo ordena para el creyente. 
Mi padre murió de una enfermedad que lo colonizó por completo cuando dejó de negarla. Entonces no lo supe, pero su persistente “no” reflejaba la capacidad de luchar contra lo que lo devoraba. Estuvo enfermo durante un año aunque no se le notó hasta el último mes. Fueron treinta días de internación por brazos caídos. Hoy estoy segura de que negar es un derecho inalienable y que solamente quien lo ejerce sabe qué es lo que está preservando con esa ceguera voluntaria. 
En realidad, mi papá había empezado a morir mucho antes a causa de una irremediable frustración. Las personas que han pasado los tres cuartos de siglo no deberían frustrarse, simplemente porque ya no tienen demasiado tiempo para levantarse y volver a empezar. Desde que, con casi ochenta años, dejó de trabajar, lo invadió el resentimiento. Aunque manejaba su auto, viajaba, leía, se interesaba por la actualidad y la política, y era capaz de sostener interesantes conversaciones, su íntima convicción era que había llegado a esa etapa de vejez contemplativa que odiaba y, a la vez, temía. No puedo culparlo, yo misma le temo a ese tiempo de obsolescencia programada que se extiende sin más horizonte que la muerte. 
Su progresivo abandono se manifestaba en frases sin esperanza y cierto mal humor. En un pesimismo persistente. En silencios incómodos. En la amarga aceptación de la ancianidad como destino. Eso era, al mismo tiempo, leve y notorio. Resultaba, por esos días, difícil sacarle una sonrisa. Y todos fuimos perdiendo las ganas de intentarlo. Ahora que lo pienso, él también debe haberse sentido abandonado a su desazón. 
La poca simpatía que conservó la reservaba a los extraños. Para verlo como era antes, había que salir con él a la calle y sentir envidia de la cajera del supermercado, el encargado del edificio donde vivía o algún vecino con el que se cruzaba a diario, que eran quienes podían gozar de sus bromas y sus palabras amables. Esos extraños, los ajenos, no se cansaban de resaltar su alegría y su optimismo contagioso. Pero nosotros, los propios, sabíamos que era una máscara que caía sin piedad cuando atravesaba el umbral que separaba lo público de lo privado.
En un momento, solo nos quedó su humanidad algo abatida en los aprestos para la retirada. 
Hay días en que extraño a mi papá. Y extraño al que murió porque era el que me recordaba a aquel que había dejado de ser mucho antes de morir.

8 de septiembre de 2015

10/24/2011

Elecciones 2011 – Game over

Finalmente, ayer se llevaron a cabo las elecciones presidenciales. Los porteños votamos este año por cuarta vez, una prueba incuestionable de compromiso cívico.
El resultado de los comicios no provocó sorpresas, de modo que cualquier análisis que pueda hacerse estará enfocado en los pequeños grandes gestos que denuncian miseria, grandeza, dignidad, resignación o mezquindad.
En todo caso, para mí, vale destacar los dos polos de una historia que escribimos día a día, junto con los dirigentes que nos representan. Esos polos son la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la diputada Elisa Carrió.
Tal como lo viene mostrando desde hace un tiempo, la presidenta se expresó de una manera justa, inteligente y conciliadora. En sus alocuciones al público, tanto la realizada desde el bunker como la que tuvo lugar en la Plaza de Mayo, además de llamar a la unión nacional, CFK marcó un territorio en el cual reconoce la existencia de interlocutores políticos con los cuales acordar y confrontar. Hasta no hace mucho tiempo, las permanentes batallas con algunos medios de comunicación habían excluido del escenario a los dirigentes de partidos de la oposición. Nadie puede pensar que sus menciones de ayer a Mauricio Macri y a Hermes Binner fueron azarosas. Aun desde la superioridad que le dan los resultados, Cristina definió una virtual mesa de pares, mostrando que pudo revertir la situación que rechazaba fuertemente parte del segmento opositor del electorado. 
Del otro lado de la línea, Lilita Carrió reconoció rápidamente que había repetido la peor elección de su historia como dirigente política. Sin embargo, lejos de expresarse con la dignidad de una buena perdedora, redobló la apuesta y proclamó a su diezmada fuerza como la impulsora de la "resistencia contra el régimen", una barbaridad que, en principio, desconoce la voluntad de un pueblo que renovó su confianza en la presidenta y, además, mostró su casi irracional persistencia en la actitud que le valió el castigo de no ser votada. No fue un desliz verbal sino un grosero y repetido error político. 
Es fácil advertir que Cristina viene haciendo lo que se debe hacer. Que escucha. Que cambia, se adapta y suaviza su expresión. Poco importa si luego esto no se verifica en los hechos. En todo caso, la política en estas tierras tiene mucho de seducción y la presidenta hace gala de su capacidad de cautivar al electorado. Carrió, mientras tanto, insiste en decir lo que nadie quiere escuchar. En gritar una verdad que, podríamos afirmar, sólo cree el 2% de la población en edad de elegir. Su imposibilidad de, sin renunciar a sus ideas, adaptar el mensaje a las necesidades y deseos de los votantes termina poniéndola en ridículo, haciéndola objeto de burlas y, sobre todo, de rechazo. 
Hace unos años, estas dos mujeres compartían el espacio legislativo. Una era líder y mensajera de la verdad y de los principios. La otra, apenas representante de una provincia patagónica. Ambas tenían una notable capacidad oratoria, fuerza, carácter y decisión. A las dos, a su turno, se les aplicó el calificativo de "locas". Michel Foucault decía que la locura es la ausencia de obra. Cristina transformó esa "locura" en acciones que, estemos de acuerdo o no, SON OBRA. Lilita abrazó su "locura" y se dejó devorar por ella. 
Las elecciones presidenciales terminaron. Game over. Hasta 2015. 

8/21/2011

¡Feliz día!

A los que todavía son curiosos y algo despreocupados. A los que pueden llorar de risa y reírse mientras lloran. A los que son sabios sencillos. A los que guardan una pizca de ingenuidad para mirar el mundo. A los que la picardía les pone brillo en los ojos. A los que se toman la vida muy en serio pero no se toman tan en serio a sí mismos. A los que no dejan de preguntar. A los que son capaces de hacer una rabieta y olvidarla dos minutos después. A los que hacen amigos porque sí. A los que ni bien aprenden algo lo comparten con otros. A los que no tienen miedo de revolcarse por el piso ni de ensuciarse la ropa. A los que creen que todo es posible. A los niños y a los que todavía son un poco niños, ¡feliz día!

8/15/2011

Dormir afuera – Elecciones PASO

En el día de ayer se realizaron en la Argentina las primeras elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). El voto de la ciudadanía dejó un saldo más que interesante y arrasó con los mitos que se habían construido en torno al oficialismo y la oposición. Veamos de a a uno algunos de ellos.
• Elisa Carrió. Desde hace varios años, "Lilita" viene atravesando un ciclo autodestructivo cuyos efectos se materializaron en esta elección de una manera dramática. Protegida apenas por un crucifijo de una supuesta persecución, pasó a la mística y la admonición con vaticinios del fin del mundo; en ese recorrido obtuvo un profundo conocimiento de "la gente que me habla en la calle" y se volcó a las expresiones aplacatorias del tipo "a la violencia hay que responder con calma"; de allí viajó a la dimensión del voto emocional (hay que votar con el corazón) y, hasta donde se vio ayer, luego de este impar derrotero, se perdió en la niebla del fracaso. 
"La gente" votó con el corazón y le otorgó un paupérrimo 3% de confianza a nivel nacional, que si bien alcanza para participar en octubre, la pone más cerca de Jorge Altamira que de cualquier otra fuerza opositora.
• Jorge Altamira. La izquierda argentina está acostumbrada al vapuleo electoral. Con absoluta franqueza y realismo, Altamira convocó a los votantes a sumar el 1.5% que lo habilitaría para presentarse en las elecciones de octubre. Objetivos claros y paso seguro: ahora es esto, si llegamos a esto, vemos qué más. Y lo consiguió. Aplauso, medalla y beso.
• Hermes Binner. Con un esfuerzo que se nota, Binner le hace frente a una campaña nacional. ¿Por qué digo que se nota el esfuerzo? Porque Binner no es un dirigente carismático, porque su palabra tiene un nivel que está por encima de la barricada, porque se lo ve incómodo frente a las cámaras, las luces y el folklore partidario. Su desempeño electoral fue muy bueno para una fuerza que tiene una presencia muy reciente en el ámbito nacional. Alguna vez escribí que muchos gobernadores provinciales que realizan gestiones exitosas tienen la idea de que ese éxito puede traspolarse al territorio nacional por una simple operación matemática de multiplicación, como si el gobierno federal fuese una réplica ampliada del gobierno provincial. Binner comienza a transitar el camino que lleva de lo local a lo nacional, un camino muy arduo por cierto. 
• Ricardo Alfonsín. "Ricardito" pertenece a una especie en extinción: la del político que cree que si dice "vamos ganando" o "estamos a 3 puntos" o cualquier otra cosa que tenga que ver con un proceso de visualización creativa, los votantes lo creen y actúan en consecuencia. Además, forma parte de los dirigentes que en esta campaña, en un gesto incomprensible, declinaron pedirle a la ciudadanía que los votara. El "Francisco, yo creo en vos. Yo creo en vos, Ricardo" del spot publicitario resultaba un cierre del vínculo que dejaba afuera al votante. Muchachos, si se tienen tanta confianza mutua, hagan negocios juntos, pero la política déjensela a los que no se sienten humillados si piden un voto. 
• Eduardo Duhalde. Si algo hay que reconocerle a Duhalde es que muere en su ley, con el "Momo" Venegas arriba del escenario. Y, además, tengamos en cuenta que fue el propio Venegas quien hizo la mejor elección de la agrupación. Frente a las cámaras de los programas políticos, el expresidente fue el candidato más inconsistente, mostrando cierta dificultad para seguir el hilo de las entrevistas. Su ambición de protagonismo y la dispersión de esa alianza provisoria que fue el Peronismo Federal lo condujeron a un desempeño penoso a nivel nacional.
• Alberto Rodríguez Saa. Desde su experiencia en San Luis, "el Alberto" hizo una excelente elección a nivel nacional. Fiel a su estilo con rasgos de sincericidio agudo, desde sus spots invitaba a visitar su provincia para comprobar el bienestar del cual allí se gozaba: "Si no me creés, vení a San Luis". Y un 8% del padrón nacional le creyó. Anoche, desde su bunker y con su habitual sentido del humor, le reprochó a Duhalde la objeción a la candidatura de "el Adolfo". Chicanas peronistas que le ponen un poco de color a la política. 
• Alcira Argumedo. Esta buena mujer le debe a la testarudez de Fernando "Pino" Solanas haber protagonizado la candidatura más absurda de estas PASO. Con notable obediencia partidaria, Argumedo se sumó al capricho del cineasta. Y así le fue. 
• Martín Sabbatella. A pesar de que no participaba de la elección a nivel presidencial, es posible hacer una referencia para este exitoso exintendente del partido de Morón que aspiró a proyectarse a la gobernación provincial, intentando hacerle sombra a un Scioli consolidado y subirse a la ola del furor "cristinista". La realidad dio una respuesta cruel: a Sabbatella le hace falta todavía tomar mucha sopa.
• Cristina Fernández de Kirchner. Si el lector llegó hasta este punto sabrá que todo lo escrito antes de estas líneas es pura especulación. La verdad, la única verdad, es que Cristina ganó solita en toda la cancha (excepción hecha del marquesado de San Luis, donde la realidad sigue otros carriles). Ganó incluso donde sus candidatos a gobernador habían perdido. Ganó sin excusas y sin mácula. Ganó más allá de Bonafini y Schoklender, de Carlotto y el ADN de los Noble Herrera, de Zaffaroni y los departamentitos. Más allá del duelo y la presunta debilidad que la muerte de Néstor le había conferido. Ganó vestida de negro, hablando de "El" y de su legado. Ganó de manera abrumadora e incuestionable. 
Vale analizar el notable cambio de tono en su discurso de ayer porque, de haber adoptado ese sesgo conciliador antes de la victoria, hubiese sido tildada de débil, hubiese sido diagnosticada en estado de necesidad. Anoche, su palabra suavizada sonó a grandeza. Por primera vez abandonó el estilo "maestra ciruela" que tanto malestar provoca en un segmento de la población. Y habló para todos, los que la votaron y los que no. Fue un movimiento inteligente y audaz, hecho en el momento preciso en que sólo podía beneficiarla.   
Los votos de Cristina arrasaron con las especulaciones. Si las PASO hubiesen sido un partido de truco, podría decirse que, dado que ninguno llegó a 15, los contendientes "durmieron afuera". 

8/01/2011

Balotaje CABA

Debo decir que si Daniel Filmus hubiese logrado revertir el pobre desempeño que tuvo en la primera ronda de la elección a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no me hubiese sentido satisfecha. 
Tampoco me causa satisfacción alguna el enorme apoyo que recibió Mauricio Macri y que lo transforma en un excelente prospect para las negociaciones posteriores a la primera interna abierta, obligatoria y simultánea que se llevará a cabo el próximo 14 de agosto. 
¿Nada me viene bien? La verdad, en lo que hace a política, nada me convence del todo y de lo poco que rescato sólo surge un recorte parcial y limitado. 
De la elección de ayer me queda la extraña sensación de una puesta en escena algo burda. Con el resultado ya definido, el último día de las vacaciones de invierno en el distrito y atravesados por el frío invernal, los porteños fuimos a votar mostrando más conciencia del deber cívico que ganas. 
Ni el rápido reconocimiento de la derrota por parte de Filmus, ni la diplomacia de Macri invitando a la convivencia pacífica, ni el –por fin– llamado de la presidenta para felicitar al ganador pudieron esconder el trasfondo de los tiempos que vivimos. Los dientes apretados y el ponerse sobre las espaldas el fracaso en aras de salvar lo poco que queda de "intocable" en el oficialismo, en el caso de Filmus; la sobreactuación de un discurso fabricado a la medida del hartazgo nacional, el discurso vacuo de Macri; y la segura incomodidad de Cristina Fernández, a quien los gestos de gentileza parecen sonarle como renuncia a los principios fueron las caras ocultas –pero no tanto– de este escenario en el cual reina la falsedad y la hipocresía.
Filmus debería comprender que el castigo no estuvo dirigido a su persona sino que reflejó el descontento de los ciudadanos frente a situaciones que desnudan algo que vengo sosteniendo desde hace ya tiempo: tomar las medidas correctas por las razones equivocadas no conduce sino al error. Baste mencionar la utilización por parte del oficialismo del tema de los Derechos Humanos –caso Schoklender– y de la recuperación de nietos apropiados durante la dictadura –caso ADN Noble Herrera– para comprenderlo.
Macri no puede olvidar que hoy cuenta con un apoyo temporario, más fundado en el rechazo a lo que significa el oponente que en la adhesión a un gobierno que tuvo más gestos superficiales que medidas estructurales. 
Ojalá la primera mandataria pueda sostener el aire de gentileza y don de gentes que mostró ayer y ojalá ese aire responda a la convicción de que en política no hay enemigos sino adversarios, que es bueno que los ciudadanos de todas las líneas de pensamiento encuentren una representación en la dirigencia política, que la adhesión no implica genuflexión y que el rechazo no significa odio. Ojalá.