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8/15/2011

Dormir afuera – Elecciones PASO

En el día de ayer se realizaron en la Argentina las primeras elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). El voto de la ciudadanía dejó un saldo más que interesante y arrasó con los mitos que se habían construido en torno al oficialismo y la oposición. Veamos de a a uno algunos de ellos.
• Elisa Carrió. Desde hace varios años, "Lilita" viene atravesando un ciclo autodestructivo cuyos efectos se materializaron en esta elección de una manera dramática. Protegida apenas por un crucifijo de una supuesta persecución, pasó a la mística y la admonición con vaticinios del fin del mundo; en ese recorrido obtuvo un profundo conocimiento de "la gente que me habla en la calle" y se volcó a las expresiones aplacatorias del tipo "a la violencia hay que responder con calma"; de allí viajó a la dimensión del voto emocional (hay que votar con el corazón) y, hasta donde se vio ayer, luego de este impar derrotero, se perdió en la niebla del fracaso. 
"La gente" votó con el corazón y le otorgó un paupérrimo 3% de confianza a nivel nacional, que si bien alcanza para participar en octubre, la pone más cerca de Jorge Altamira que de cualquier otra fuerza opositora.
• Jorge Altamira. La izquierda argentina está acostumbrada al vapuleo electoral. Con absoluta franqueza y realismo, Altamira convocó a los votantes a sumar el 1.5% que lo habilitaría para presentarse en las elecciones de octubre. Objetivos claros y paso seguro: ahora es esto, si llegamos a esto, vemos qué más. Y lo consiguió. Aplauso, medalla y beso.
• Hermes Binner. Con un esfuerzo que se nota, Binner le hace frente a una campaña nacional. ¿Por qué digo que se nota el esfuerzo? Porque Binner no es un dirigente carismático, porque su palabra tiene un nivel que está por encima de la barricada, porque se lo ve incómodo frente a las cámaras, las luces y el folklore partidario. Su desempeño electoral fue muy bueno para una fuerza que tiene una presencia muy reciente en el ámbito nacional. Alguna vez escribí que muchos gobernadores provinciales que realizan gestiones exitosas tienen la idea de que ese éxito puede traspolarse al territorio nacional por una simple operación matemática de multiplicación, como si el gobierno federal fuese una réplica ampliada del gobierno provincial. Binner comienza a transitar el camino que lleva de lo local a lo nacional, un camino muy arduo por cierto. 
• Ricardo Alfonsín. "Ricardito" pertenece a una especie en extinción: la del político que cree que si dice "vamos ganando" o "estamos a 3 puntos" o cualquier otra cosa que tenga que ver con un proceso de visualización creativa, los votantes lo creen y actúan en consecuencia. Además, forma parte de los dirigentes que en esta campaña, en un gesto incomprensible, declinaron pedirle a la ciudadanía que los votara. El "Francisco, yo creo en vos. Yo creo en vos, Ricardo" del spot publicitario resultaba un cierre del vínculo que dejaba afuera al votante. Muchachos, si se tienen tanta confianza mutua, hagan negocios juntos, pero la política déjensela a los que no se sienten humillados si piden un voto. 
• Eduardo Duhalde. Si algo hay que reconocerle a Duhalde es que muere en su ley, con el "Momo" Venegas arriba del escenario. Y, además, tengamos en cuenta que fue el propio Venegas quien hizo la mejor elección de la agrupación. Frente a las cámaras de los programas políticos, el expresidente fue el candidato más inconsistente, mostrando cierta dificultad para seguir el hilo de las entrevistas. Su ambición de protagonismo y la dispersión de esa alianza provisoria que fue el Peronismo Federal lo condujeron a un desempeño penoso a nivel nacional.
• Alberto Rodríguez Saa. Desde su experiencia en San Luis, "el Alberto" hizo una excelente elección a nivel nacional. Fiel a su estilo con rasgos de sincericidio agudo, desde sus spots invitaba a visitar su provincia para comprobar el bienestar del cual allí se gozaba: "Si no me creés, vení a San Luis". Y un 8% del padrón nacional le creyó. Anoche, desde su bunker y con su habitual sentido del humor, le reprochó a Duhalde la objeción a la candidatura de "el Adolfo". Chicanas peronistas que le ponen un poco de color a la política. 
• Alcira Argumedo. Esta buena mujer le debe a la testarudez de Fernando "Pino" Solanas haber protagonizado la candidatura más absurda de estas PASO. Con notable obediencia partidaria, Argumedo se sumó al capricho del cineasta. Y así le fue. 
• Martín Sabbatella. A pesar de que no participaba de la elección a nivel presidencial, es posible hacer una referencia para este exitoso exintendente del partido de Morón que aspiró a proyectarse a la gobernación provincial, intentando hacerle sombra a un Scioli consolidado y subirse a la ola del furor "cristinista". La realidad dio una respuesta cruel: a Sabbatella le hace falta todavía tomar mucha sopa.
• Cristina Fernández de Kirchner. Si el lector llegó hasta este punto sabrá que todo lo escrito antes de estas líneas es pura especulación. La verdad, la única verdad, es que Cristina ganó solita en toda la cancha (excepción hecha del marquesado de San Luis, donde la realidad sigue otros carriles). Ganó incluso donde sus candidatos a gobernador habían perdido. Ganó sin excusas y sin mácula. Ganó más allá de Bonafini y Schoklender, de Carlotto y el ADN de los Noble Herrera, de Zaffaroni y los departamentitos. Más allá del duelo y la presunta debilidad que la muerte de Néstor le había conferido. Ganó vestida de negro, hablando de "El" y de su legado. Ganó de manera abrumadora e incuestionable. 
Vale analizar el notable cambio de tono en su discurso de ayer porque, de haber adoptado ese sesgo conciliador antes de la victoria, hubiese sido tildada de débil, hubiese sido diagnosticada en estado de necesidad. Anoche, su palabra suavizada sonó a grandeza. Por primera vez abandonó el estilo "maestra ciruela" que tanto malestar provoca en un segmento de la población. Y habló para todos, los que la votaron y los que no. Fue un movimiento inteligente y audaz, hecho en el momento preciso en que sólo podía beneficiarla.   
Los votos de Cristina arrasaron con las especulaciones. Si las PASO hubiesen sido un partido de truco, podría decirse que, dado que ninguno llegó a 15, los contendientes "durmieron afuera". 

8/01/2011

Balotaje CABA

Debo decir que si Daniel Filmus hubiese logrado revertir el pobre desempeño que tuvo en la primera ronda de la elección a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no me hubiese sentido satisfecha. 
Tampoco me causa satisfacción alguna el enorme apoyo que recibió Mauricio Macri y que lo transforma en un excelente prospect para las negociaciones posteriores a la primera interna abierta, obligatoria y simultánea que se llevará a cabo el próximo 14 de agosto. 
¿Nada me viene bien? La verdad, en lo que hace a política, nada me convence del todo y de lo poco que rescato sólo surge un recorte parcial y limitado. 
De la elección de ayer me queda la extraña sensación de una puesta en escena algo burda. Con el resultado ya definido, el último día de las vacaciones de invierno en el distrito y atravesados por el frío invernal, los porteños fuimos a votar mostrando más conciencia del deber cívico que ganas. 
Ni el rápido reconocimiento de la derrota por parte de Filmus, ni la diplomacia de Macri invitando a la convivencia pacífica, ni el –por fin– llamado de la presidenta para felicitar al ganador pudieron esconder el trasfondo de los tiempos que vivimos. Los dientes apretados y el ponerse sobre las espaldas el fracaso en aras de salvar lo poco que queda de "intocable" en el oficialismo, en el caso de Filmus; la sobreactuación de un discurso fabricado a la medida del hartazgo nacional, el discurso vacuo de Macri; y la segura incomodidad de Cristina Fernández, a quien los gestos de gentileza parecen sonarle como renuncia a los principios fueron las caras ocultas –pero no tanto– de este escenario en el cual reina la falsedad y la hipocresía.
Filmus debería comprender que el castigo no estuvo dirigido a su persona sino que reflejó el descontento de los ciudadanos frente a situaciones que desnudan algo que vengo sosteniendo desde hace ya tiempo: tomar las medidas correctas por las razones equivocadas no conduce sino al error. Baste mencionar la utilización por parte del oficialismo del tema de los Derechos Humanos –caso Schoklender– y de la recuperación de nietos apropiados durante la dictadura –caso ADN Noble Herrera– para comprenderlo.
Macri no puede olvidar que hoy cuenta con un apoyo temporario, más fundado en el rechazo a lo que significa el oponente que en la adhesión a un gobierno que tuvo más gestos superficiales que medidas estructurales. 
Ojalá la primera mandataria pueda sostener el aire de gentileza y don de gentes que mostró ayer y ojalá ese aire responda a la convicción de que en política no hay enemigos sino adversarios, que es bueno que los ciudadanos de todas las líneas de pensamiento encuentren una representación en la dirigencia política, que la adhesión no implica genuflexión y que el rechazo no significa odio. Ojalá. 

7/25/2011

Elecciones Santa Fe

Ayer tuvieron lugar las elecciones en la provincia de Santa Fe, un distrito que se encuentra entre los cinco más relevantes a nivel del padrón nacional. 
Aquí, unas reflexiones post-comicios:
• El socialismo retuvo la gobernación. Dicho esto, sus dirigentes deberán ponerse a pensar por qué ganaron de una manera tan agónica y por qué será la primera vez en la historia provincial que el Poder Legislativo esté conformado por una mayoría opositora. 
• La ajustada victoria de Horacio Bonfatti no es un buen augurio para las aspiraciones presidenciales de Hermes Binner, a quien se le dificulta alcanzar buenos niveles de conocimiento a nivel nacional. Por supuesto, una elección brillante en su provincia lo hubiese ayudado para capitalizar gestión e intensificar su presencia en los medios masivos. Este resultado, en cambio, lo obliga a un esfuerzo publicitario y de recorrida territorial mucho mayor, además de que siembra dudas sobre su éxito en la transformación de la provincia. 
• Miguel Torres del Sel sorprendió a más de un desprevenido. Como un alumno aplicado, transmitió a la perfección el mensaje light del macrismo. En todo momento mostró su ignorancia política como un trofeo, en contraposición con cierto sesgo soberbio del kirchnerismo y con la ausencia de emoción del oficialismo santafesino. Además, se dirigió específica y repetidamente al sector agropecuario, muy fuerte en la provincia, que aún recuerda la confrontación con el FPV por la Resolución 125 y la tibia posición de Binner en dicho conflicto. 
• Agustín Rossi marchó decidido hacia la segura inmolación. Sin el apoyo presidencial, que desaparece ante el más mínimo síntoma de derrota, remó y remó contra los rasgos del oficialismo de los que buena parte de la sociedad parece estar harta: la soberbia y el autoritarismo. No pudo, sin embargo, evitar la confrontación con Binner –llamándolo canalla e hipócrita– cuando el gobernador se refirió a las palabras de CFK durante la visita "de apoyo" a su candidato. Un párrafo aparte merece la actitud del "Chivo" de salir a reconocer la derrota y felicitar a sus contendientes. Sin lugar a dudas, ese gesto lo despegó mucho más de Cristina que el haber asumido la responsabilidad por los magros resultados. 
• Si bien no estaba entre los candidatos, Carlos Reutemann tuvo un rol importante en la elección. Al lacónico dirigente le bastaron cuatro palabras –"Soy peronista, no kirchnerista"– para eliminar cualquier especulación sobre el lugar del peronismo en la provincia. Recordemos por un momento cuál fue la razón que esgrimió Reutemann a la hora de abandonar la mesa del Peronismo Federal: el peronismo santafesino le reclamaba presencia y trabajo en la construcción territorial. Los efectos de la frase del exautomovilista en el resultado a favor del cómico devenido político dejan bien en claro que, en silencio, Reutemann hizo su tarea.
• Por último, pero no por eso menos importante, una reflexión sobre las preferencias de una parte significativa del electorado a la hora de votar. Lo que en la década pasada se dio en llamar "farandulización de la política" parece tener por estos días un nuevo despertar. 
Mauricio Macri ha tenido desde siempre una fuerte presencia en las revistas de actualidad. Gente, Caras y Hola le han dedicado más páginas que cualquier medio especializado en política. Así hemos visto sus romances, separaciones, bodas, vacaciones, picados de fútbol, etc. 
Gracias a su actividad como cómico, Miguel del Sel también nos ha mostrado segmentos de su vida en fotos a color impresas sobre papel ilustración acompañadas por entrevistas banales que tuvieron, en el mejor de los casos, un par de semanas de vigencia.
La historia –y el presente– marca que la farándula argentina consigue su éxito a fuerza de ejercitar ciertos rasgos de mediocridad como la "graciosa" ignorancia de Susana Giménez o el carácter de "pibe de barrio" de Marcelo Tinelli. Para buena parte de los argentinos, ellos son la prueba de que "cualquiera puede ocupar un lugar de privilegio" y alimentan un aspiracional falso y pobre. Falso porque Susana y Marcelo llegaron al lugar en el que están por su inteligencia y no por creer que los dinosaurios estaban vivos o por meterse dos alfajores enteros en la boca. Creo que no hace falta decir por qué es pobre. 
Además, estas características de hombres y mujeres exitosas en los medios de comunicación, en muchos casos se hacen extensivas al ámbito político, tal como sucedió con Palito Ortega, el propio Reutemann y Daniel Scioli, por sólo mencionar a algunos de los "famosos" que se pasaron a las filas de la política en la hoy considerada infame década menemista. En un esfuerzo por recuperar algo de aquella "alegría", Miguel del Sel se sumó a este colectivo hace unos meses. Y el electorado respondió con la misma lógica de siempre: brindándole su confianza a alguien que, para dedicarse a la política, es capaz de abandonar un lugar exitoso y que le proveyó una vida económicamente holgada.
No es cuestión de emprenderla contra las preferencias del electorado porque de ese pensamiento a la idea de voto calificado hay un trecho muy corto. Los votos del "asco" no valen menos que los demás. 
Las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Santa Fe no han sido el triunfo de la ignorancia sobre la ilustración. Hay algo que la sociedad está rechazando con fuerza. Será cuestión de preguntarse seriamente qué quiere ese electorado, a quién elige delegarle la responsabilidad de la conducción y por qué. La respuesta fácil es "porque son idiotas". Ojalá los perdedores se animen a buscar la difícil. 

7/11/2011

Elecciones CABA

Ayer se llevaron a cabo las elecciones de uno de los distritos más importantes de la Argentina, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 
Hoy los porteños amanecimos inundados de sesudos análisis sobre los resultados del comicio. Interpretaciones de ganancias y pérdidas, victorias y derrotas. Relecturas de las predicciones fallidas y predicciones a futuro. Resignificaciones, opiniones y declaraciones. Caprichos y abandonos. Apoyos y rechazos.
Me parece interesante destacar estos puntos:
  • Daniel Filmus fue designado por la primera mandataria. Pero nunca recibió su apoyo. Al parecer, el exministro de Educación es objeto del mismo trato del poder central que muchas de las más fieles "espadas" kirchneristas que pueden ser identificadas con el peronismo (Agustín Rossi, Aníbal Fernández, Daniel Scioli y siguen las firmas), quienes hoy gozan de la penumbra a la que los condena la indiferencia presidencial. 
  • Ante la inminencia de una segunda vuelta, el FPV es víctima de su propia estrategia. Habilitó las listas colectoras –Aníbal Ibarra y Gabriela Cerruti– que le recortaron votos a su propio candidato –Juan Cabandié– y recogieron el grueso de la adhesión que podrían haber capitalizado en el ballotage. Dicho en otras palabras, ya sumaron buena parte de lo que podían sumar.
  • Macri ganó con amplitud sin mostrar otra cosa que lo que siempre ha mostrado: tibieza y superficialidad. Sus promesas más relevantes tienen que ver con finalizar lo que ya comenzó (?) y trabajar para que "los porteños sean felices". Es decir, una vacuidad sólo comparable con la de su gestión.
  • El posicionamiento que los dos candidatos mayoritarios utilizaron para esta elección muestra una fuerte contraposición. Macri comunicó amor, paz y reconciliación, dejando de lado su permanente tendencia a la queja y la victimización. Filmus transmitió la idea de que era la única alternativa para contar con el apoyo del Estado Nacional, idea que queda bastante desdibujada cuando se advierte el escaso respaldo que le brindó CFK. ¿Resultado? El optimismo onda Ricardo Montaner "garpa" mejor que la chicana pseudoextorsiva. 
  • Las encuestas no son fiables y, además, es posible afirmar que esa falta de fiabilidad juega un rol estratégico en las semanas previas, transformándose en herramientas de manipulación del electorado desprevenido. Da para largo este tema, pero baste decir que la mayoría de los encuestadores aún están buscando la manera de explicar yerros tan burdos. 
  • Por último, la "gente", esa categoría que tan bien dice conocer la decana de las "denunciadoras" nacionales Elisa Carrió. El resultado del comicio no se refleja en las declaraciones de muchos porteños que todavía se resisten a confesar abiertamente que votaron a Mauricio Macri pero celebran en secreto la derrota de Filmus. La mayor parte de los ciudadanos votó por la continuidad de un no-proyecto. Es un voto cómodo que no merece demasiada celebración. El segmento de la ciudadanía que se volcó a Filmus lo hizo desde la ilusión del retorno de una mística militante que no parece compadecerse con el espíritu algo pusilánime de un distrito que no se conmueve con la estética setentista. Una porción de esos votantes mostró sin pudor su encono frente al resultado de la elección. Otros, a sabiendas de que la locomotora del "proyecto nacional y popular" no tiene rivales para su reelección, adoptaron una posición menos beligerante. En todo caso, apelando a las metáforas bélicas tan utilizadas por el kirchnerismo, sintieron que no habían perdido la guerra si no apenas una batalla. Fue sólo una derrota parcial, preludio de la indudable victoria que los espera en octubre. 
Seguramente hay más. Pero me parece innecesario.