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7/01/2011

De interés cultural

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró de interés cultural El encuentro, un diálogo ficcional entre Eva Perón y Tita Merello presentado por primera vez en el Museo Evita durante "La noche de los museos".
¿Tengo que aclarar que estoy muy contenta?
Aquí una copia de la declaración 114/2011.

7/01/2010

Antes

Antes del final el aire se pone denso y todo huele diferente.
Antes del final los relojes dejan de tener sentido. Las horas se estiran, los días dejan de suceder a las noches y la realidad es un continuum sin luz ni oscuridad. Sólo penumbras. Sólo sombras.
Antes del final el viento se calma, los ruidos se ahogan. Se abren huecos extraños en las tormentas. La lluvia cesa.
Antes del final hay un instante, un filo, una línea, un punto, un paso. El final es un umbral de niebla.
Y suspiro por última vez con un suspiro que viene de cualquier otro lugar que no soy yo y me busca y no me encuentra. Porque ya no hay lugar. Porque ya no estoy.

10/10/2008

Dos años a penas

Este blog hoy cumple dos años. Como ya he dicho otras veces: apenas dos años, a penas dos años.

9/14/2008

De ningún lado

El sentido de pertenencia es, sin lugar a dudas, algo común a la mayoría de los seres humanos. Clubes, asociaciones, logias, colegios profesionales, comunidades y también familias, parejas, amigos reúnen a las personas según reglas diversas, profesiones o intereses compartidos que, en ocasiones, hasta tienen sus propias jergas, giros particulares de un idioma que les permite reconocerse a poco de haberse encontrado.
El género humano parece sentirse amparado bajo el ala protectora de estas sociedades más o menos formales y pertenecer –sentirse aceptado y reconocido en esa pertenencia– se transforma en un atributo más para el ropaje de la identidad.
Pues bien, yo no pertenezco a ningún lugar. Soy, eminentemente, de ningún lado.
No me atraen los clubes. No adhiero a ninguna asociación, agrupación ni colegio profesional o sucedáneo. Mucho menos a una logia. La familia –que me da identidad formal y a la que sin dudas pertenezco en sentido amplio– no me condiciona con sus leyes explícitas o implícitas. No soy propiedad ni extensión de pareja alguna. No tengo esos grupos de amigos que se reúnen –para charlar, jugar a las cartas o ir al cine– de manera periódica o que pasan juntos las vacaciones. Y, por último, las comunidades –cuanto más específicas y exclusivas, con sus códigos y tics para iniciados– me aburren soberanamente.
Esta rebelión inconsciente frente a cualquier forma de cofradía podría ser vista como una elección de la soledad. Pero cuando no quiero estar sola, siempre tengo con quién estar. Como una imposibilidad. Pero suelo ser bienvenida en casi cualquier grupo al que quiera ingresar y me adapto a su funcionamiento sin dificultades hasta que siento que comienza a operar como un corsé. Como una extravagancia. Pero quien me conozca sabrá que soy bastante más sencilla de lo que parece.
Yo elijo pensar que, por sobre todas las cosas, amo y respeto mi libertad.
Elijo pensar, como Groucho Marx, que "no deseo pertenecer a ningún club que acepte como socio a alguien como yo".

8/06/2008

Mentoring Carly

Hoy, después casi tres meses de permanencia en la Argentina, Carly Stingl regresa a Madison, Wisconsin.
Carly es estudiante del último año de la carrera de periodismo en la Universidad de Wisconsin, y durante este tiempo, colaboró con el área de contenidos de Vivir en Argentina.
Como responsable del sector, tuve a mi cargo la orientación de Carly, cuyo objetivo era mejorar el dominio del español escrito.
Sin embargo, una tarea que podría pensarse meramente como una supervisión, se transformó en un desafío que, visto desde el presente, fue muy enriquecedor tanto en el plano laboral como en el personal.
Dede el punto de vista del trabajo, quienes hacemos Vivir en Argentina nos esforzamos para ofrecer a los extranjeros información ajustada y objetiva sobre nuestro país. Para eso, la mirada de una persona inquieta, curiosa y entusiasta como Carly es invalorable porque nos ayuda a comprender cuáles son los intereses y las necesidades de quienes visitan Argentina.
Desde el punto de vista personal, cada charla que tuve con ella, tanto fuese sobre los temas que le tocó abordar o sobre cuestiones puramente gramaticales o estilísticas, como cuando hablamos acerca de la problemática y la idiosincracia del país, me obligó a pensarme como argentina, a revisar el pasado y el presente, y a brindarle respuestas consistentes a preguntas tan simples –y tan complejas– como “¿Por qué en la Argentina el voto es obligatorio?” o “¿Podrías explicarme el conflicto entre el campo y el Gobierno?” u otras más relacionadas con la vida cotidiana como “¿Es que aquí todos los hombres juegan al fútbol?”.
Algunas cuestiones fueron bastante divertidas. Por ejemplo, dado que Carly es vegetariana desde hace cinco años, su inserción en un contexto en el cual la carne no sólo es un alimento sino que detenta la categoría de orgullo nacional no fue fácil.
Con un estilo inusualmente abierto y sin preconceptos, Carly se lanzó a la conquista de esta ciudad caótica y superpoblada, muy distinta a su habitual lugar de residencia. Caminó Buenos Aires de punta a punta. Curioseó librerías y cafés. Hizo entrevistas callejeras. Rechazó piropos de típicos “machos argentinos”. Y hasta obtuvo su DiscoCard para sentirse “local” y evitar que su condición de extranjera la expusiese al frecuente abuso de los sobreprecios.
Durante su última semana en Buenos Aires, nuestras conversaciones giraron sobre la despedida y sobre su futuro. Hablamos sobre la posibilidad de que escribir ocupase mucho más tiempo y espacio en su vida. Al día siguiente me invitó a ver su blog.
También charlamos sobre sus ganas de volver. Le pregunté por qué no pensar en hacer aquí sus estudios de posgrado. Me miró sorprendida. Le parecía que su nivel de español no se lo permitiría, que no estaba preparada para el desafío. Investigamos un poco –¡bendita internet!– y descubrió, con cierta decepción, que sólo se aceptaban veinticinco alumnos por año.
–¡Son muy pocas plazas! ¿Cómo voy a hacer para ingresar?, me dijo.
La alenté a que lo intentara. Ayer mismo tuvo una entrevista en “La Nación” y algo que le parecía inalcanzable se transformó en una posibilidad cierta y atractiva. Estaba feliz. Yo también.
Probablemente, Carly siga colaborando con nosotros desde los Estados Unidos. Los artículos que escribió hasta hoy acerca de nuestro país y, sobre todo, de la Ciudad de Buenos Aires, muestran su entusiasmo y su pasión por el periodismo.

5/27/2008

Sin suministro

Hay un corte de luz en mi manzana.
Es como si el mundo se acabara en la vereda.
Desde el sillón veo el espectáculo de las vidas vecinas.
El anciano de enfrente asiste a su mujer inválida
al igual que todas las noches pero hoy,
amparada en la oscuridad, veo en sus pasos y en sus gestos
el amor y la resignación.
Un grupo de muchachos canta en la puerta de la fiambrería,
sin más realidad que los viejos vinagres,
sin más horizonte que Luca y el vidrio marrón de la cerveza.
Se escuchan sirenas y perros y los pasos agitados de los vecinos
que van y vienen sobre la escalera de metal.
¿Qué pensará la pareja de holandeses que vive aquí al lado
de esta ciudad donde la luz es esquiva y el silencio hace cuerpo en la noche?
Cada tanto, un auto ilumina la calle y el reflejo es esperanza
de visión recuperada.

Mi nombre es Edgar, ¿en qué puedo ayudarla?
dijo amablemente y le expliqué que estoy sin luz.
Necesitó saber desde qué lugar de este infierno desconectado
estaba hablándole.
Sí, respondió con voz automática y sabiduría de recóndito call center,
tenemos un problema en la línea de megatensión
y el servicio estará restablecido en tres horas
aproximadamente, señora.
Agradecí.

Y ahora escribo porque sé que la llegada de la luz
suspenderá esta pausa obligada en la que mis pensamientos hablan.
Que en poco tiempo habrá otra vez ese orden invariable
de mis noches azules de televisión.
Y escribo porque sé que, de no hacerlo,
lamentaré haber perdido estas palabras,
que los ojos volverán a engañarme,
que estaré, otra vez, sin suministro.