9/30/2007

Coordenadas

Kilómetros de piel,
décadas de caricias
suspendidos
sin tiempo
en el espacio
de una sola noche.

9/22/2007

Alcohol

Con el cuerpo desgarrado,
en jirones
roto.
Con la música acallada
por la claridad
del pensamiento.
Con la muerte como meta,
con la vida como carga.
Con el misterio de la lucidez,
con la conciencia dolida
por esta borrachera
que no me regala olvido.
Sigo.

9/21/2007

Vida

Aplasta, estalla,
languidece.
Navega aguas calmas,
resiste tormentas,
engendra brillos de soles
y lunas más o menos llenas
y desata cataclismos
y reconstruye ciudades.
Castiga con una mano
y con la otra, de a ratos,
acaricia.

9/15/2007

Lisbon revisited (1926)

Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
Con la angustia del ávido de carne anhelo
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido...
Duermo inquieto, y vivo el soñar inquieto
del que duerme inquieto, a medias soñando.

Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias.
Corrieron las cortinas ante todas las hipótesis que habría podido ver en la calle.
En el callejón donde me encuentro no está el número de puerta que me dieron.

Desperté a la misma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron la derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida sólo deseada me harta -hasta esa vida...

Comprendo a intervalos inconexos,
escribo en los lapsos de cansancio
y es tedio hasta del tedio lo que me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
no sé qué islas del Sur imposible son las que me aguardan, náufrago,
o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.

No, no sé esto, ni sé otra cosa, ni sé nada de nada...
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo soñado,
en los campos más remotos del alma, donde recuerdo sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de las florestas lejanas,
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haberlo sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.

Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida...
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí...
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí vivió y aquí volvió,
y aquí volvió a volver y a volver,
y aquí de nuevo ahora ha vuelto a volver?
¿O todos los Yo con los que aquí estuve, o que estuvieron, somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que hay fuera de mí?

Otra vez vuelvo a verte,
el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo--,
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por los salones del recuerdo
envuelto por el ruido de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir..

Otra vez vuelvo a verte,
sombra que pasa a través de las sombras y brilla
un instante a una fúnebre luz desconocida
y se adentra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos de oír...

Otra vez vuelvo a verte,
pero, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se ha roto el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico
y en cada fragmento fatídico sólo veo un pedazo de mí
-un pedazo de ti y de mí.


Alvaro de Campos

Dos

El camino de regreso
es una sucesión de fotos.
Retazos de memoria
agitándose en cada uno
para completar retratos de otro.
Años en minutos.
La visión de una escritura pasada,
pareja y armoniosa.
Las risas y sus ecos.
Y un abrazo
que, sin reclamos,
todo da.

9/11/2007

Mañana

Septiembre 12 a las 19.00 se presenta la antología en la cual está incluido mi cuento "Miércoles de cenizas".
Es en la Asociación Biblioteca de Mujeres, Marcelo T. de Alvear 1155.
Allí voy a estar.

9/02/2007

¿Usted se masturba?

A raíz de un malentendido sin importancia que tuvo lugar en un intercambio de correos electrónicos hace unos días, recordé –una vez más– mis épocas de estudiante de la carrera de Letras de la UBA. Aula Magna de Puán poblada de casi trescientas almas, muchas de las cuales aún no habían comprendido la Gramática de la benemérita Ofelia Kovaci, aplicadas a la comprensión de la Lingüística, que no podrían probar frente a mesa examinadora hasta no haber garantizado de igual manera la impregnación en los contenidos brindados por las huestes kovacianas. Profesor titular, señor gordito y rubicundo parecido a un Winnie the Pooh pornográfico, en eterno traje, corbata e impermeable, derramando conocimientos sobre pragmática y sudor a chorros, lanza al auditorio las siguientes palabras:
–¿Usted se masturba?
Los amodorrados por el interminable teórico-práctico obligatorio se despabilan. Algunos de los despiertos ahogan risitas nerviosas. Otros, sin salir del asombro, se ruborizan. La mayoría, incómoda con la pregunta, incrusta la vista en sus cuadernos de apuntes mientras Winnie repite la pregunta al tiempo que escribe en el pizarrón una respuesta que todos leemos de reojo: "Yo... yo estoy haciendo la colimba", para estallar en carcajadas un instante después.
Resultado: Pooh se mete en el bolsillo a las trescientas almas presentes por el resto de la clase y comienza a explicar la teoría comunicacional de Grice –inglés, filósofo del lenguaje– que simplificaré a continuación.
Máximas de Grice o principio cooperativo de la comunicación
1. Máxima de cantidad
Sea todo lo informativo que el intercambio requiera.
No sea más informativo de lo que el intercambio requiera.
2. Máxima de calidad
No diga lo que crea que es falso.
No diga nada de lo que no tenga pruebas.
3. Máxima de relevancia
Vaya al grano.
4. Máxima de modo
Evite la oscuridad.
Evite la ambigüedad.
Sea escueto.
Sea ordenado.
Hasta acá, el gringo tuvo una lógica irreprochable. Sin embargo, basta prestar un cachito de atención a lo que se dice y se escucha como para concluir en que si algo valida estas máximas es nuestra constante manía de violarlas. Así, la pregunta del profesor Winnie respondida desde el principio cooperativo de la comunicación sólo hubiera admitido un sí o un no. Pero el muchachito interrogado, probablemente víctima del pudor frente a una pregunta sobre su intimidad, transgredió al menos tres de las cuatro máximas. A saber: la de cantidad porque dio más información de la requerida; la de relevancia, porque brindó información no pertinente; y la de modo porque fue ambiguo y oscuro. En cambio, es imposible determinar si respetó la máxima de calidad aunque es de suponer que, por el tenor de la información provista, su respuesta era verdadera.
Grice imaginó un esquema que podría calificarse como "límpido". E impracticable.
¿Qué sería de nosotros sin la ambigüedad, la ironía, el sarcasmo, la doble intención o la picardía? ¿Cómo hacer un chiste o entablar una charla poblada de complicidades, elisiones, presupuestos? ¿Cómo seducir prescindiendo de los juegos verbales, de los significados implícitos? ¿Cómo mantener cierta elegancia en el decir cuando, habiendo perdido los estribos, nos vemos obligados a guardar mínimas reglas de urbanidad?
En todo caso, podríamos pensar que la comunicación, como hecho cotidiano, empírica, se produce gracias a la permanente transgresión de las bienintencionadas máximas de Paul Grice.
Por cierto, el diálogo invocado por mi profesor era verídico. Había tenido lugar en el programa "Cable a tierra" que conducía Pepe Eliaschev. Y sí, en aquellas épocas lejanas yo ya era una estudiante tardía.