10/08/2010

Convivencia

Tal vez la tarea más ardua que los seres humanos debemos enfrentar es el aprendizaje para lograr una buena convivencia con nosotros mismos.
Muchas veces, postergamos esta tarea porque privilegiamos la convivencia con los demás: parejas, amigos, hijos, padres, sin entender que es a partir del profundo conocimiento de sí que una persona puede llevar adelante los vínculos con quienes la rodean.
La convivencia consigo mismo requiere, en principio, de honestidad. Ver nuestro propio rostro en el espejo y no desviar la mirada cuando se evidencian algunos de nuestros perfiles oscuros es una tarea que no siempre es fácil llevar hasta sus últimas consecuencias. Es que, sin maquillaje, no somos ni tan bellos ni tan buenos ni tan vulnerables ni tan inofensivos. 
Luego, hay que conseguir, de donde sea, paciencia. Descubrirnos tal cual somos nos recuerda cuántas veces nos hemos mostrado intolerantes cuando esos mismos rasgos que hoy reconocemos en nosotros mismos se manifestaban en los demás. ¡Qué fácil era recriminar el egoísmo, la rigidez, la envidia, los celos, la codicia o la intemperancia ajenos! Y qué complejo es lidiar con los propios.
Por último –aunque éste sólo es el principio de un largo camino– hay que recurrir a una de las más escasas virtudes: la humildad. La humildad es un sendero salvaje que hay que empedrar palmo a palmo. Sabernos débiles no es lo mismo que aceptar que lo somos. Saber nos deja solos con nuestra fragilidad. Aceptar nos permite ver las manos que se extienden para brindar ayuda. Una ayuda que podemos recibir únicamente si hemos aprendido a convivir con nosotros mismos. 

Este texto es parte de la iniciativa CONVIVENCIA, que, a su vez, es una iniciativa de Angel Cabrera y Senovilla.

6 comentarios:

Virginia Prieto dijo...

Muy movilizador
Me falta aprender mucho todavía
beso grande

Balovega dijo...

Hola..

Hoy es un buen día para convivir, convivamos siempre.. Un abrazo de buen fin de semana

Lorena dijo...

Lo vivi y lo vivo, y puedo asegurar que la convivencia con uno mismo es la experiencia más intensa y PURIFICADORA que puede vivir cualquier persona. Es "tremendamente" recomendable.

Julio dijo...

Exacto, el trabajo interior. O sea, que has observado la convivencia desde el nivel atómico, desde el comienzo del vector, el origen. Está interesante la cuestión y desde luego la humildad es un factor determinante. Si me permites, de paso te invito a leer mi artículo del día de la convivencia, si te apetece la idea, en poesiamas.net/blog. ¡Un abrazo!

Senovilla dijo...

Gracias por aportar tanto en una palabra tan complicada como es convivencia.

Te dejo un abrazo muy agradecido.

Mery Larrinua dijo...

En nombre de la "convivencia" te envio un abrazo